La ilustración. Palabra de mujer.


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Cada día creo más firmemente, que entre mujeres, hay unos vínculos muy profundos. Quizás, porque tenemos con nosotras el poder de engendrar, que nuestro instinto cuidador nos hace sacar heroínas. 

Entre las mujeres de mi familia hay grandes historias, y la que mejor las contaba era mi abuela. Cuando ella murió, mi tío encontró una cinta que llevaba muchos años guardada, donde ella hablaba. Contaba la historia de mi bisabuela, que se llamaba como yo. Una historia de guerra, la del 36. De cómo le quitaron sus pertenencias y desvalijaron su negocio. Entre esas cuatro paredes se quemaron libros, muchos. También se escondieron cosas de valor detrás de una pared falsa porque bajo cualquier excusa venían a registrar. No encontraron nada pero se llevaron a su marido, que era maestro pero ellos decían que era rojo; dejándola sola con cuatro niñas pequeñas. Lloró, pero el coraje te arma y no con pistolas. Su valor la llevó andando hasta Granada, atravesando la frontera del pueblo en la madrugada antes de que los guardias de asalto la vieran. Mi bisabuela se presentó delante del gobernador para pedir que liberaran a su marido. Un día milagroso, en Víznar, en la víspera de la muerte de Lorca, mi bisabuelo vuelve a casa.

Definitivamente mi abuela era una gran contadora de historias. Pero además, al igual que su madre, una heroína invisible.

También le gustaba pintar y debe ser que se me pegó o viví sus historias con mucha intensidad porque me encantan los relatos, los que hablan de verdades, de cosas importantes como el amor, la valentía o las manzanas…

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Por eso me reúno con mujeres que miran con ojos transparentes la vida, y por qué no, hago proyectos con ellas. De ahí que esté encantada de presentaros el maravilloso curso que he creado junto a Isabel Ruiz, autora del inspirador libro “Mujeres”:

Se titula ÁLBUM ILUSTRADO: PALABRA DE MUJER. En este curso de dos días haremos un recorrido juntos/as por los procesos creativos y técnicos para crear un álbum ilustrado. Creemos necesario seguir dándole voz a más mujeres y por eso hemos seleccionado algunos poemas de escritoras para ilustrarlos, así entre todos/as haremos un pequeño libro que llevarnos a casa como recuerdo del taller y de nuestros/as compañeros/as. Además os llevaremos ejemplos de libros de artistas que podréis tocar.

Para conmemorar el Día de la Mujer queríamos traeros una oferta especial. Tendréis un descuento del 20% sobre el precio del curso. De manera que si os apuntáis desde hoy hasta el día 10 de marzo, el curso se os quedará sólo por 72€ pinchando aquí y poniendo el código: MUJERES (en mayúscula). Una oportunidad accesible a todos/as. Pasada la fecha volverá a su precio original. 

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Isabel y yo hemos decidido hacer nuestra aportación al pequeño libro que ilustraremos entre todos/as. “Se me ha perdido un hombre” ha sido el poema al que yo le he puesto acuarela. Carilda Oliver, su autora inmortal, llegó a mi vida de una manera muy especial y así os la regalo:

Se me ha perdido un hombre.

Y lo busco por cifras y guitarras,
por rostros y entrepisos,
en el cielo,
en la tierra,
dentro de mí.

Se me ha perdido un hombre.

Y me he quedado temblando
como quien no come sino polvo,
como quien ya extravió la sombra.

Pero no,
que no,
que no me ayudan a buscarlo.
¿A quién le importa si su mirada
ha derrotado al tiempo?
¿A quién le importa aquella piel
con ganas
de la luz?
¿A quién le importan unos labios transparentes
que no tuvieron hambre,
unas piernas que sólo corrían al amor?

Se me ha perdido un hombre.

Y todos ríen,
se entretienen,
sudan,
mastican,
se desenvainan por las noches;
despreciativos,
inefables,
maromeros,
unánimes,
como si sólo se hubiese caído un alfiler
o la hoja más seca
del árbol del bien y del mal,
como si la muerte no hubiera entrado
a destiempo
en nuestra casa.

Y yo pensando que era demasiado joven,
que reunía láminas y piedras,
pedacitos de mundo,
hierros,
cosas del mar.
Yo pensando en la grandeza de criatura,
en cómo miraba Venus al atardecer,
en cómo cayó en la trampa.

Yo pensando
en dónde está la mitad del cuerpo mío,
en quién va a cantar ahora para quitarme
el miedo,
en las veces que no nos besamos
y en las que nos besamos,
en sus ojos coléricos frente a la injusticia,
en ese silencio con que me responde,
en la herida que nunca le cosí,
en sus manos.

Se me ha perdido un hombre.

¡Ayúdenme a buscarlo!
Pronto...
Siento frío.
Aquí no hay lámparas ni claves,
no tengo redes
ni computadoras.
No tengo flechas ni radares.

¿Dónde está?
¿Intenta ser mi sombra el desvalido?
¿Se me ha vuelto invisible entre gusanos?

 

                        Carilda Oliver Labra


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